Uno de los principios básicos que toda persona interesada en el mundo de la vinicultura tiene presente es la temperatura del vino a la que este debe servirse. De hecho, se trata de una fórmula muy fácil para averiguar si alguien siente genuina afición por esta bebida o si simplemente se las quiere dar de gourmet.
Un vino sencillo a la temperatura idónea sin duda se convertirá en una mejor experiencia en el paladar que un vino de alta reputación servido demasiado caliente, o excesivamente frío.
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¿Por qué es importante servir el vino a la temperatura adecuada?
La importancia de servir el vino a una temperatura adecuada radica en que, de lo contrario, su sabor podría cambiar, acentuando la acidez y convirtiéndolo en una versión desmejorada de sí mismo. En cierto modo, lo estarías desperdiciando.
Conviene recordar que estamos hablando de un elemento vivo. Desde que las uvas llegan hasta la bodega, se obtiene el mosto y se acaba embotellando, y una vez ha llegado a tu mesa después de su envejecimiento. Durante todo ese tiempo hasta que destapes la botella, el vino está evolucionando continuamente, por lo que es necesario conservarlo y consumirlo de acuerdo a sus necesidades para mantener su calidad de vino al máximo nivel.
Y eso implica que sea servido a la temperatura correcta para garantizar así que preserve sus cualidades organolépticas, es decir, sus sabores, aromas y matices originales.

¿A qué temperatura se debe servir el vino?
Cada tipo cuenta con una serie de características particulares que hacen que varíe la temperatura del vino en la que ha de ser consumido. Principalmente podemos diferenciar entre cuatro tipos: tinto, blanco, rosado y espumoso.
Temperatura del Vino tinto
El vino tinto se consume a una temperatura mayor que el resto, concretamente, suele oscilar entre los 12 y los 18 grados dependiendo de su vejez. Cuanto más joven, más ácido, por lo que mejor que ronde los 12 o 15 grados, así se atenúa este rasgo.
En cambio, conforme su añada aumenta, también lo hace la temperatura recomendada: entre 14 y 17 grados para los crianza y de 16 a 18 grados en el caso de los reserva y superiores. Esto se debe a que en estos intervalos se potencian las cualidades del vino, libera aromas y matices que merecen ser degustados por su extraordinaria calidad.
Temperatura servicio Vino blanco
La temperatura del vino blanco es otro cantar y siempre se debe servir más frío que un tinto, aunque le sucede algo similar. Los jóvenes han de consumirse en un rango entre los 8 y los 10 grados, mientras que los más viejos mejoran en torno a los 12 grados, ya que no contienen tanta acidez y se aprecia mejor su sabor y aroma.
Eso sí, en el caso de los vinos blancos dulces, como el moscatel, mejor frío, a unos 7 grados. De lo contrario, acabará resultándote demasiado dulzón, ya que esto se intensificará a mayor calor.
Temperatura Vino rosado
La recomendación para consumir un vino rosado es que este se sitúe aproximadamente en unos 10 grados de temperatura. Sin duda, más parecido a un blanco que a un tinto.
Temperatura Vino espumoso
Aquí no hay discusión posible, los vinos espumosos deben servirse fríos. Seguro que alguna vez has brindado con una copa de cava en una celebración y al rato se te ha ocurrido darle un sorbo, cuando ya estaba caliente, apostamos a que la experiencia no fue agradable. Además, las textura y finura de las burbujas solo es apreciable cuando el vino está frío, entre los 6 y 7 grados.

¿Existen los vinos calientes?
En España no es muy común, pero en países del norte y centro de Europa, como Alemania o en otros de la zona nórdica (por ejemplo, Noruega, Dinamarca, Finlandia), es muy común el vino caliente. Especialmente en la temporada navideña, por lo que siempre suele haber puestos dedicados a su venta en los tradicionales mercados de Navidad.
Se trata de una bebida que parte como base del vino especiado, al que se le añade azúcar, mondas de cítricos y licor. Su función no es otra más que calentar el cuerpo en la temporada más fría del año, aunque se convirtió en una costumbre que ha permanecido en nuestros días.
La forma correcta de enfriar una botella de vino
El congelador es una pésima idea, emplearlo para enfriar una botella de vino es algo equiparable a elaborar una pizza de paella, es decir, una aberración culinaria. La razón es que los cambios de temperatura tan bruscos estropearán el caldo. Lo mismo sucedería si se te ocurriese atemperar el vino sobre un radiador o algo por el estilo. Nada de eso.
Para enfriarlo correctamente, en su lugar tienes dos opciones perfectas: tu nevera de confianza o una cubitera con hielo, agua y sal. Solo necesitarás preparar el vino con un poco de tiempo. En el caso de los blancos y rosados, con un par de horas en el frigorífico será suficiente; tres para los espumosos.
En cambio, la cubitera es mucho más recomendable. En primer lugar, porque en unos 10 o 15 minutos el vino estará listo para su consumo. Y además, su ventaja es que la cubitera permanecerá en la mesa y, cada vez que se sirva en una copa, el vino volverá a ella. Así se mantendrá en óptimas condiciones todo el tiempo.
De hecho, aquí te dejo la cubitera para enfriar el vino que utilizo yo. Sí, la puedes comprar en Amazon y al día siguiente la tienes en tu casa.

¿Tenías idea de lo importante que es consumir el vino a una temperatura concreta? Y, como ves, también dependerá de su clase, recuerda si tu vino necesita más o menos calor antes de servirlo para no meter la pata como un principiante.
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