El envejecimiento del vino en botella, ¿más importante que el de barrica?

Al pensar en la crianza del vino, seguramente te vendrá a la mente una imagen de barricas y toneles de madera apilados en una bodega subterránea. Pero no hay que olvidar que también existe otra técnica fundamental: el envejecimiento del vino en botella. Con la particular capacidad de conseguir que un vino dé lo mejor de sí.

Si te suena eso de la crianza reductiva, ya te confirmamos que vas por buen camino. Veamos con más detalle en qué consiste y por qué son tan importantes los corchos. Por cierto, ¿alguna vez te has preguntado quién los comenzó a usar? Te lo cuento dentro.

¿Qué es la crianza del vino en botella?

La crianza del vino en botella es la fase de su envejecimiento que se produce una vez ya está embotellado. No todos los vinos son aptos para someterse a este tipo de maduración, dependerá de sus cualidades y del resultado que se pretenda obtener, puesto que no siempre saldrán beneficiados.

Requisitos del envejecimiento en botella:

El primero es que cuente con un alto grado alcohólico y de acidez, esto será fundamental.

También se necesitará un elevado contenido de taninos, antocianos y de azúcares. Solo las mejores cosechas se destinan a este tipo de crianza, algo de lo que también dependerá de forma directa la variedad de uva.

El tiempo que un vino puede permanecer en un estado de maduración en botella varía según su edad (joven, crianza, reserva o gran reserva), pero puede prolongarse. Solo debe estar entre unos 18 y 32 meses, aproximadamente.

¿En qué consiste la crianza reductiva?

La crianza reductiva es el envejecimiento del vino en botella con ausencia de oxígeno. El efecto oxidante se produce debido al aire presente en el interior de la botella de forma previa a su taponado.

A lo largo de esta maduración, el vino experimentará ciertas reacciones químicas que afectarán a varias de sus características. Por un lado, sufrirá una pérdida de color, de ahí la importancia de contar con un elevado número de taninos y antocianos. Su aroma también se verá afectado, ya que se intensificará y se tornará más complejo.

El vino será diferente en contacto con el paladar, ya que los sabores podrán adquirir toques de esos matices animales y vegetales que han acompañado al vino durante su ciclo de vida. Con el consecuente riesgo de que esto acabe por perjudicar el resultado final al resultar desagradable.

Es importante que, durante este periodo de crianza, la colocación del vino almacenado —en posición horizontal— le permita estar en contacto con el tapón, de modo que la cámara de oxígeno se sitúe en el centro de la botella.

La temperatura, la luz y la humedad de la sala son tres factores esenciales que deben ser controlados y supervisados para que el vino no se estropee.

Diferencias entre la crianza en barrica y crianza en botella

El envejecimiento del vino en botella y en barrica guardan importantes diferencias entre sí, sin embargo, al mismo tiempo son técnicas de crianza complementarias. Al producirse reacciones químicas dispares en cada una de ellas, la maduración del vino en la botella puede ser una oportunidad para que el caldo se redondee y alcance su máximo potencial.

La principal diferencia entre la crianza del vino en barrica y en botella es el papel determinante que cumple el oxígeno. Cuando madura en las barricas de madera, el vino va recibiendo diminutas pero constantes dosis de oxígeno a través de este material poroso. Esto activa el desarrollo de los taninos y fomenta su estabilización y la adopción de matices, especialmente en su sabor y aroma.

Por el contrario, la crianza en botella del vino le mantiene exento de oxígeno, con la única excepción de la limitada cantidad proporcionada por la cámara de aire formada en el propio recipiente antes de su taponado.

El elemento que permite el acceso de ínfimas cantidades de oxígeno al vino es el corcho, de ahí su importancia y el papel que cumple para controlar la cantidad de aire a la que se pretende dar acceso al vino en cuestión. Aunque también hay sistemas de taponado que aíslan por completo, de una forma hermética, al contenido de las botellas.

crianza del vino en botella

Allá va una curiosidad, ¿sabías quién comenzó a usar corchos para sellar los vinos? La respuesta es Dom Pierre Pérignon, y, como no te sorprenderá a estas alturas, fue un monje benedictino francés del siglo XVII.

Los peregrinos hacían uso de los tapones de corcho para tapar las cantimploras que empleaban durante sus viajes. Esto le dio la idea al monje de adoptar este sistema para taponar las botellas de vidrio y que su contenido no se desparramase, ni se estropease.

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